sábado, 8 de agosto de 2009

Afrontando fronteras



La culminación de mi tesis, su defensa y la tramitación de la graduación, así como un episodio temporal de trabajo remunerado, me alejaron durante cierto tiempo de las condiciones necesarias para la reflexión. Por esta razón no había escrito por acá. En ocasiones anteriores, ante la ausencia de reflexión, había optado por colocar links, citas o videos que entretuvieran mientras regresaba la posibilidad de decir algo. Pero como he desarrollado cierto afecto por los lectores de mi blog (no porque sean muchos, ni siquiera porque sepa quiénes son; sino simplemente porque aprecio y respeto, sean cuantos y quienes sean, el olvidado arte de escuchar a los otros), decidí no “entretenerlos”, que de por sí sobran los fútiles malabares.

Durante parte de ese mismo tiempo en el que me fue imposible pensar, hice un viaje por Centroamérica, sobre el cual algo hay que decir. Y es que aunque las circunstancias nos impidan reflexionar, luego podemos reflexionar sobre esas circunstancias.

Ficha técnica: El viaje fue por tierra de San José a San Salvador y de vuelta. Los viajeros fuimos tres: Alex, Paco y yo. Lo hicimos en mi Sirion Daihatsu 2002, 1300 cc., 105 hp, (bautizado con justeza durante el viaje en el que cumplió los 100.000 kilómetros, como: La Hormiga Atómica). Recorrimos 2150 kilómetros, pero mucho más que eso, atravesamos 3 fronteras 2 veces. Aunque en realidad cada frontera son dos, pues no hay unidad, cada una es un lado, y en cada lado es una realidad particular. De manera que podemos decir que atravesamos 12 fronteras, y afrontar fronteras no es jugando papillos. En la imagen de arriba, el trazo anaranjado es el viaje que hicimos.

Dicho esto podemos partir:

El trayecto de salida del país de origen constituye la parte menos interesante de un viaje, aunque no por ello es sencillo. En términos generales, este espacio de tiempo es el de la ruptura con nuestro ambiente habitual. [Me pregunto hasta qué punto esta ruptura está determinada por la llegada al otro lugar, de ser así los viajes en barco deben ser una largo periodo de salida, en el que no se termina de dejar el lugar anterior. Por el contrario, el viaje en avión nos deja con una extraña sensación de no haber aterrizado, pues al no haber casi tiempo para la ruptura, llegamos allá sin haber salido de aquí.] No es que no pase nada en este periodo de ruptura, sino que la rutina en la que todavía estamos sumidos nos inmuniza frente a los acontecimientos. Pero además tiene un sabor agridulce, porque nos enfrenta con la banalidad y contingencia de nuestro andar cotidiano.

Aun así siempre suceden cosas que merecen ser contadas. En este caso, los momentos que lograron traspasar la rigidez anímica de la partida fueron: presenciar el retorno de un hijo a casa y un delicioso desayuno en El Bramadero, que alimenta historias desde tiempos de mi padre. Todos tenemos muchas casas, pero algunos tenemos una casa, o más bien, un lugar en el que jugueteamos la infancia. Cuando regresamos a ese lugar, se despierta en nosotros el pasado lúdico y una nostalgia trágica de la infancia. Hay algo trágico en los niños, y en el dejar de ser niño.

El segundo día la apertura hacia el devenir viajero era mayor, pero todavía no habíamos salido del país ni de nosotros, por lo que los trámites pendientes y las gentes nuestras se asomaban en la cabeza. Al sacar un vehículo del país se encuentra uno con los primeros signos de inhospitalidad institucional, eso a pesar de que la frontera Costa Rica – Nicaragua es la menos agreste de las que cruzamos. Probablemente es más sencillo sacar del país ilegalmente un vehículo que legalmente.

Hay una diferencia fundamental entre un viaje a lo interno del territorio nacional, de uno internacional. Aunque en ambos hay diversos tipos de fronteras, una frontera internacional es material y simbólicamente un gran obstáculo, cuya magnitud varía según las relaciones entre los respectivos países. Por eso su transgresión es tan propicia para la ruptura del viajero. En las fronteras algo se cierra y algo se abre, y con esa apertura de la transgresión uno se llena de valor y libertad.

domingo, 26 de julio de 2009

sábado, 20 de junio de 2009

martes, 16 de junio de 2009

Momentum

Momentum builds for broad debate on legalizing pot

NEW YORK (AP) — The savage drug war in Mexico. Crumbling state budgets. Weariness with current drug policy. The election of a president who said, "Yes — I inhaled."

These developments and others are kindling unprecedented optimism among the many Americans who want to see marijuana legalized.

Artículo completo.

lunes, 15 de junio de 2009

¿Resurge?

La extrema derecha resurge en EE UU

Ultras y racistas cobran fuerza tras la elección del primer presidente negro


¿Cómo, resurge? ¿Alguna vez decayó?


lunes, 8 de junio de 2009

Dos pájaros y un tiro neoliberal


Combata el hambre y la pobreza; cómase a un pobre.

Un graffiti en alguna calle de América Latina

martes, 2 de junio de 2009

Los estereotipos de la droga

Este pretendía ser el segundo artículo en La Nación. Pero tengo el presentimiento que no lo publicarán.

Los datos disponibles son contundentes: la guerra contra las drogas (GcD) es un fracaso. Así lo señalan diversos artículos de los últimos meses en medios como The Economist, Washington Post y Wall Street Journal. La más reciente de estas informaciones es la declaración del Zar antidroga de la administración Obama, quien dijo: “Hay que borrar completamente la analogía de la GcD… es un problema de salud pública, no un problema criminal.”

Sin embargo, en Costa Rica permanecen las voces que llaman a una cruzada contra la droga. Precisamente por estas voces represivas (tan de moda en tiempos electorales), que proponen enfrascarnos en una guerra imposible de ganar, resulta tan necesaria una discusión amplia.

Revisar los estereotipos

A pesar de todo lo dicho sobre las drogas, existe una enorme desinformación. Por eso, el primer momento del debate requiere revisar los estereotipos construidos a lo largo del tiempo sobre la droga. Para no cometer los errores del pasado, debemos reconstruir el origen de la GcD.

Probablemente sorprenderá a las voces de la mano dura saber que el antecedente inicial de la actual GcD tuvo el carácter de una cruzada. Fue a principios del siglo XX, luego de décadas de presión por parte de grupos prohibicionistas, que se aprobó la Ley Seca en EE.UU. El día de su aprobación el senador Volstead, cuyo nombre lleva la ley, dijo en cadena nacional: Esta noche nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.” Para los empresarios morales que la impulsaban, el alcohol era responsable del crimen, la pobreza y el deterioro familiar. Este fue el inicio de un duradero estereotipo que vincula droga=crimen.

La ley seca fue un fracaso rotundo, únicamente logró el surgimiento de la mafia. De allí que tan solo 13 años después fue derogada. Claro, la mafia ya había probado la rentabilidad del negocio ilegal, por lo que inició su incursión en el mercado negro de la heroína.

Eliminada la prohibición, el director de la recién creada Oficina de Narcóticos, se vio obligado a justificar su continuidad. Su solución fue crear un nuevo enemigo. Como el opio, la cocaína y la heroína ya estaban penalizadas, dirigió sus ataques contra la marihuana. Sus esfuerzos se materializaron en 1937 con el Marihuana Tax Act.

Para asegurar su aprobación, el FBN dirigió una campaña nacional en los medios de comunicación. Con películas como Assassin of Youth, se advertía a los padres de familia que la marihuana producía: adicción inmediata, violaciones, homicidios, suicidios e insania. Esta fue la segunda movida decisiva en la invención del vínculo droga=crimen.

El estereotipo hoy

Hoy se sabe que la marihuana no produce ninguno de estos efectos. Sin embargo, el estereotipo droga=crimen está más vivo que nunca. Es la excusa favorita de los ministros de seguridad. Frente a cualquier pregunta por la criminalidad responden maquinalmente: es culpa de la droga.

Pero no sólo lo hacen los ministros, veamos un ejemplo cotidiano. Actualmente se considera que el principal flagelo de la droga en Costa Rica es el crack. Aparece entonces la imagen del piedrero. Nadie duda que el piedrero roba porque es adicto al crack.

Pero si preguntamos ¿por qué es adicto al crack el piedrero? ¿Por qué cientos de niños viven en las calles, drogándose sin que nos importe? ¿Qué vida han tenido que esa es la mejor opción? Probablemente veremos que la droga no es la causa del crimen, sino que el crimen y la droga comparten muchas causas.

Detrás de estas preguntas se asoman los fantasmas de la pobreza, la desigualdad y el fracaso de las políticas públicas. Por eso preferimos no hacerlas. Es más fácil responsabilizar al crack. Así, mediante un movimiento retórico, borramos la conflictividad social y recuperamos la comodidad.